“Dice más de una persona cómo se va, que cómo llega”. ¿Qué pensáis de esta frase?
En una relación de pareja, cuando conectamos con el rencor, con el ego, con defender quien está equivocado o quien lleva la razón, nos sentimos cada vez más alejados el uno del otro. Se comienza una lucha de poder que no lleva a ningún lado y que no nos permite avanzar, por lo menos, en una misma dirección. Esto hace que muchas veces nos quedemos bloqueados en esa lucha y no se avance. Sin embargo, cuando conectamos con el amor, podemos avanzar, podemos soltar. Aceptamos que no pudo ser, a pesar del amor. Y ahí, es cuando se empieza a sanar.
Por lo tanto, «una mala ruptura habla de un mal amor»
Pero, no siempre es tan fácil hacer este ejercicio. Cuando en una relación de pareja, en vez de llegar a acuerdos, se aprende a ser contrincantes en un campo de batalla, en el momento de la separación, la dinámica se da de la misma manera. En vez de intentar hacer un trabajo en equipo para despedirse y poder soltar, se hace todo lo contrario. ¿Cómo vamos a pretender hacer esto en la última fase, si a lo largo de la relación nunca se ha logrado?
Por eso, un mal divorcio o una mala separación, no habla de una mala ruptura, habla de dos personas que no han sabido quererse sanamente; “no es que no sepamos romper, es que no hemos sabido querernos.”
Cuando se deja a un lado el rencor y el ego, y conectamos con el amor, se sentiría como algo así: “por los mismos motivos por los que te elegí como pareja, te quiero guardar en un lugar bonito de mi corazón.”
Las malas rupturas nos rompen
Las rupturas nos rompen. Hacen que accedamos a partes de nosotros con las que, en otros momentos, no podemos conectar. Por ello, la forma en la que nos separamos de alguien a quien queremos, influye también en el proceso de sanación. En los momentos más dolorosos, es en los momentos en lo que más amor se necesita…. Pero si no hemos sabido querernos, ¿Cómo poder hacerlo también al final?





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